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Paradojas del desempleo



Yo también era de los que pensaba que en EEUU no había protección al desempleo, puesto que si te despedían, al final nadie te ayudaba, ni seguro, ni cobertura, ni nada de nada. A la puñetera calle sin un dólar en el bolsillo.
Pero el otro día estuve en la conferencia de un economista llamado Luis Garicano, profesor de la Escuela de Negocios de Londres, que me hizo pensar de forma diferente. “El mercado español del trabajo está mucho más desprotegido que el de EEUU”, decía. ¿Más desprotegido? Yo no me lo creía.
Su análisis es muy sencillo: “No hay ningún país que destruya tanto empleo como España con tan poca caía del PIB”. Es verdad: nuestro PIB no ha caído tanto como otros países. En EEUU y en Alemania llegó a caer mucho más que en España. Creo recordar que en Alemania fue un 6%, y en EEUU un 4%. El año pasado nuestro PIB cayó algo más de un 1% pero destruimos casi un millón de empleos y al final sobrepasamos la tasa de paro del 20% de la población activa: 4,5 millones de personas en la cola del paro. Pavoroso.
Eso significa que nos enfrentamos a una gran paradoja: el país que más protege al desempleado es el que más desempleados tiene, ¿no? Así de sencillo. España tiene un 20% de parados sobre la población activa, pero EEUU un 9,5% y en descenso, Alemania menos de un 8%.
Garicano explicó más cosas como que “el desempleo se soluciona con un decreto ley: menos contratos temporales, y luego, que los contratos fijos tengan una indemnización creciente empezando por una cifra muy baja”.
Esa es la otra paradoja del desempleo: dado que los empresarios no quieren pringarse con contratos fijos pues la indemnización en caso de despido es muy alta, entonces firman contratos temporales. De ese modo, se pasan todo el tiempo renovando los temporales hasta la fecha límite de dos años. Entonces, a la calle con el chico o la chica.
El contrato temporal es un tipo de relación laboral que influye malignamente en el trabajador pues no se mete en gastos duraderos (piso, coche, etc), ya que la misma naturaleza de su relación laboral es, como dice su contrato, temporal. En cualquier momento le ponen de patitas en la calle.
El contrato fijo o indeterminado supone una gran seguridad psicológica, como cuando un equipo de fútbol va ganando uno-cero, y mete otro gol que le pone dos delante del equipo contrario. Es una enorme tranquilidad psicológica, y entonces se pone a jugar a su gusto. Una seguridad porque no tienen que renovártelo cada seis meses.Y en segundo lugar, porque te dan 20 0 33 días en caso de despido. Pero, no nos engañemos: al principio de tu vida laboral, esta no es la principal razón por la que te gustan los contratos fijos, sino la anterior. Precisamente te gusta un contrato fijo porque tienes una relación permanente con la empresa y no tienen que renovártela cada seis meses.
A eso se refería Luis Garicano y otros cien economistas cuando propusieron un nuevo contrato laboral fijo con indemnización creciente, un contrato para dar al trabajador esa tranquilidad psicológica, y que no suponga para el empresario un gasto soberbio en caso de crisis.
De modo que España, con uno de los mejores sistemas sociales del mundo, está viviendo una paradoja social pues su protección al empleo al final le convierte en undestructor de empleo. Se puede filosofar, debatir, analizar y dialogar. Y hasta gritar. Pero el mundo de la economía es el mundo de las cifras. Cuando tienes un desempleo de caballo es que tu sistema no funciona por muchas velitas que enciendas.
Un sistema social prominente es aquel que tiene más protección al empleo, no al desempleo. ¿O es que nos encanta tener a millones de personas en el salón de su casa arruinados moral y económicamente?
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Paro EPA, ¿quién miente en este país?



Cada tres meses, los entrevistadores del INE se acercan a 60.000 familias y les hacen un cuestionario exhaustivo. Se llama Encuesta de Población Activa y pretende determinar con bastante precisión varias cosas: cuánta gente trabaja en España más de una hora a la semana; cuánta gente está en paro; cuánta gente quiere trabajar…
Dado que estamos hablando de una encuesta, cualquier persona se preguntaría si las personas que responden son sinceras. Imaginemos que se presenta un encuestador y pregunta de cuántos miembros consta esa familia, cuántos están parados, cuántos trabajando y cuántos no desean trabajar. ¿Le contestaríamos diciendola verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? ¿Lo haríamos sin complejos en tiempos de crisis?
El caso es que de nuestras respuestas se sacan el paro, la ocupación y la población activa. En la última encuesta, publicada el viernes pasado, el paro subió a 4,645 millones de personas (se incrementó en 32.000 personas, porque subió la población activa). También subió la ocupación, es decir, que hay más gente con trabajo que en el primer trimestre. Pero como aumentó la población activa, esa mejoría se diluyó, o más bien no se notó.
Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿la gente es sincera?
Todas las investigaciones estadísticas siempre tienen unos mecanismos correctores depuradísmos para limpiar los resultados y hacerlos más científicos. Pero ¿se corrige la psicología? En teoría, los expertos sociólogos dicen que en épocas de bonanza, si los ingresos del hogar están asegurados, muchas personas dicen que no les interesa trabajar. Entonces, no son consideradas población activa.
En cambio, en épocas de vacas flacas, en teoría, según los expertos, sucede lo contrario: el paro crece con mucha velocidad porque hay un montón de gente que desea trabajar pero que no encuentra trabajo. Es decir, se acelera la lucha por el puesto de trabajo: hay más personas detrás de un empleo y muchas de ellas estabaninactivas hasta que la crisis las lanzó al redil.
Desde 2005, la población activa crecía anualmente al ritmo de 650.000 personas al año. En teoría, siguiendo las reglas anteriores, a medida que entramos en crisis tendría que haber más gente declarándose con ganas de trabajar o trabajando. Pues ha sucedido lo contrario: ha crecido muy poco. En la última encuesta de población activa, 23.122.300 personas confesaron querer trabajar o estar trabajando. Eso supone sólo 40.000 más que el año pasado en la misma fecha. O sea, algo que crecía a un ritmo bestial de 650.000 personas al año, ahora crece diez veces menos. Casi no crece. El año anterior (2009 sobre 2008) creció en casi en 280.000 personas,menos de la mitad que en años anteriores.
¿Por qué?
Una razón puede ser la emigración de familias extranjeras. Otra puede ser que las personas que decían que querían trabajar, estaban mintiendo, e hincharon las cifras de población activa por tomar el pelo al encuestador o por deporte. Puede que ésta sea la cifra real, y no la de hace cinco años.
Es difícil explicarlo. Pero las cifras están ahí. Cualquiera puede consultarlas en la página web del INE. En cualquier caso, el gobierno puede respirar porque si la población activa hubiese crecido el ritmo de hace tres años, el paro no sería de 4,6 millones. Sería superior a los 5,5 millones de personas.
Pero si muchos de los que han aceptado ser entrevistados por el INE, ocultan sus chapuzas, sus trabajos en negro, y en cambio, dicen que están parados, entonces las cifras del desempleo (el paro EPA), tampoco son verdad.
De modo que alguien tendría que salir a explicar todas estas incoherencias, pues aquí se esconden muchas mentiras.
Pueden ver las notas de prensa con las series de los segundos trimestres de 20052006200720082009, y 2010. Si buscan población activa, verán cómo crecía a un ritmo de 650.000 personas al año hasta 2008, año de la crisis. Luego baja a menos de la mitad y al final casi se paraliza.
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El sueño de la Europa sin paro



En noviembre de 1997  fui a cubrir una de las Cumbres de la UE en Luxemburgo. Era un Consejo Extraordinario y el tema elegido era el empleo. Todos los países tenían que presentar su plan de acción para el futuro, y las cosas en general pintaban tan bien, que se realizó una de las declaraciones más optimistas de la historia de la UE: disminuir el empleo hasta casi el cero absoluto.
Aunque ningún documento oficial se arriesgó a plasmar esa promesa, los líderes políticos y sindicales que asistieron a la Cumbre estaban tan exultantes, que más de uno dijo a la salida a los periodistas que en el año 2010 habría pleno empleo en la UE.
La cuestión es que ese año se habían creado 800.000 puestos de trabajo en la UE y, según el informe, se esperaba crear una cifra mayor, a pesar de que había algunos signos preocupantes. O sea, que la máquina marachaba viento en popa y el desempleo sería algo del pasado, un mal recuerdo.
Regresé a casa, miré a mis hijos de once y diez años y les dije: “Vaya suerte que vais a tener: no vais a conocer el parto cuando tengáis la edad de trabajar”.
Así pensé durante mucho tiempo. Hoy mis hijos, como miles de universitarios, graduados, o chicos con FP, ya saben lo que es el paro. No he querido recordarles la Cumbre de Luxemburgo, porque hasta yo casi la había olvidado.
Pero entré en Google para verificar si aquello fue un sueño mío, una figuración, y me di cuenta de que sí había tenido lugar. Recuerdo incluso la cara de alegría de muchos sindicalistas, la satisfacción de los políticos, las rimbombantes escenas, las declaraciones… Se llamó EEE, Estrategia Europea del Empleo.
Un sueño, sin duda.
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Detenidas 99 personas por una estafa de 1,5 millones de euros a la Seguridad Social



  • Más de 160 trabajadores percibieron prestaciones o subsidios por desempleo
  • Hasta ahora han sido llamados a declarar ante la policía 220 personas
  • Las raíces de la organización y su dirección podrían estar en el extranjero
La Policía Nacional ha desmantelado una red dedicada a estafar a la Seguridad Social y al Servicio Público de Empleo Estatal en Zaragoza, en una operación en la que han sido detenidas 99 personas y otras 65 imputadas, todas extranjeras, y en la que el fraude, sólo a la Seguridad Social, se calcula en 1,5 millones de euros.
La investigación comenzó hace un año al detectar la Dirección Provincial de la Tesorería de la Seguridad Social y la Inspección de Trabajo de Zaragoza la existencia de 20 empresas "fantasma" gestionadas por ciudadanos rumanos.
Estas empresas daban de forma constante de alta y baja a trabajadores extranjeros, a los que cobraban para que éstos recibieran el paro, sin que existiera una actividad real y sin cotizar a la Seguridad Social por las empresas y los empleados.
El delegado del Gobierno en Aragón, Javier Fernández, la directora provincial de la Tesorería de la Seguridad Social, Dolores Martín, y el jefe superior de Policía en Aragón, Rafael Arenas, han informado este sábado en una rueda de prensa de la operación, denominada 'Isabel'.
Cinco de los 99 detenidos que ejercían de falsos empresarios ya han pasado a disposición judicial y el resto han quedado en libertad con cargos.
En las pesquisas se ha podido comprobar que 20 empresas (19 inscritas como personas físicas y una como sociedad civil constituida por dos personas) presentaban sucesivas altas y bajas de trabajadores, algunos de los cuales se repetían en varias de las empresas, e incumplían desde el inicio la obligación de cotizar a la Seguridad Social.

Mínimos legales

Además, se constató que eran falsos los domicilios que constaban de las empresas, supuestamente dedicadas a la construcción, la hostelería, la limpieza o talleres mecánicos.
La investigación ha determinado que esas empresas dieron de alta en el Régimen General de la Seguridad Social a 632 trabajadores, de los cuales 163 percibieron prestaciones o subsidios por desempleo del INEM y otros prestaciones por incapacidad temporal del INSS.
Los trabajadores eran contratados y dados de alta durante cortos periodos de tiempo, en la mayoría de los casos los mínimos legales exigidos para acceder al derecho a las prestaciones o subsidios.
Aunque no se sabe con exactitud la cuantía que se podría haber estafado al Servicio Público de Empleo Estatal, este mes se ha "cortado" el pago de la prestación por desempleo a 100 de los implicados, que globalmentesumarían una percepción de 60.000 euros.
Hasta ahora han sido llamados a declarar ante la policía 220 personas que figuraban como trabajadores de las empresas.

Supuestos empresarios

También se ha tomado declaración a varios profesionales de la gestión a través de los que los "supuestos empresarios" canalizaban la elaboración de los contratos de trabajo, nóminas, partes de alta y baja y certificados de empresa, sin que se haya detectado la implicación de ninguno de ellos.
Éstos profesionales, según la Policía, se limitaban a elaborar los documentos que les encargaban dos personas que decían representar a las empresas: G.A.D., conocido como Jorge y de nacionalidad rumana, y R.H., de nacionalidad marroquí.
Al parecer, los trabajadores pagaban por las altas entre 280 y 400 euros, y en un caso la cuantía llegó a los 13.000 euros al incluir la gestión de visado, contrato de trabajo y altas en varias empresas para obtener la regularización y las prestaciones por desempleo.
Hasta ahora, entre detenidos e imputados por delitos de falsificación de documentos, estafa a la Seguridad Social y el INEM y contra los derechos de los trabajadores están 164 personas y la Policía no descarta más detenciones.
Las raíces de esta organización y su dirección podrían estar en el extranjero, según ha precisado el Jefe Superior de Policía de Aragón.
En la operación han participado la Sección de Investigación de la Seguridad Social de la Brigada de Delincuencia Económica de la Comisaría General de Policía Judicial de Madrid y las brigadas provinciales de Extranjería y de la Policía Judicial de Zaragoza.
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Esto duele: más ayudas, ¿más paro?



Ya está aquí Arthur Laffer con su show. Este economista que asesoró a Reagan y que se hizo famoso por sus curvas (no piensen mal, sus curvas eran gráficos que decían más impuestos, menor recaudación), ahora ha publicado un artículo donde sostiene que “mientras más beneficios sociales haya para el parado, habrá más parados”, dice en The Wall Street Journal.


Para ello recurre a un gráfico terrible. Desde 1970, en EEUU han aumentado las ayudas sociales a los parados. La verdad es que no son gran cosa, pero antes eran casi 0. Pues bien, según Laffer, esas ayudas sólo consiguen que la gente siga en casa bebiendo cervezas en lugar de aceptar puestos de trabajo, o salir a buscar empleo.





Laffer dice lo siguiente: los empresarios no contratan trabajadores para tranquilizar sus conciencias. Lo hacen para ganar dinero después de impuestos. Pero los salarios se les encarecen porque el gobierno aumenta los beneficios a los parados, beneficios que salen de los salarios.


De modo que tenemos una doble presión perversa: los empresarios no querrán contratar más trabajadores porque les sale cada vez más caro, y los parados no querrán salir de su situación porque obtienen más ayudas sociales.


Lo que el gobierno ofrece a los desempleados lo tiene que tomar de algún sitio. Si la economía produce 100 manzanas y das 10 a los desempleados, entonces, estás quitando 10 manzanas del sistema productivo, dice Laffer.


Laffer pone el ejemplo exagerado siguiente: si un parado recibiera 150.000 dólares al año por estar desempleado, ¿se iría a trabajar? No desde luego.


Y, por supuesto, ese dinero se toma de algún sitio. En el gráfico mostrado por Laffer hay dos curvas azules: la más intensa representa la tasa de desempleo en EEUU desde los años setenta. La más clara, las ayudas sociales reflejadas en la extensión de las semanas en que se pueden percibir. Las curvas son casi paralelas. 


Si fueran opuestas, sería una prueba de que más ayudas generan más empleo. Pero es al revés. 


Son conclusiones que lanzan el debate sobre ayudas y paro, pero desde luego, duelen mucho.
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Huelga secreta de controladores aéreos

de Jose María García-Hoz 

La huelga encubierta de los controladores aéreos, la pérdida de tráfico, la deuda colosal y las aspiraciones de las autonomías hacen prácticamente imposible que el Estado venda el 49 por ciento de AENA, como quiere el Ministro José Blanco.
Como pueden certificar  los 18 millones de usuarios de los aeropuertos españoles en el mes de junio –entre ellos, un servidor– estamos sufriendo una huelga no declarada de los controladores aéreos, que provoca retrasos tan irritantes como innecesarios.
Aquel gesto enérgico del Ministro Jose Blanco, que  en enero de 2009 acabó mediante decreto-ley con el conflicto, entonces abierto, de los controladores, ha servido para poco. El ordeno y mando no suele ser solución, aunque en un primer momento reciba aplausos.
AENA, hay que decirlo pronto, ha sido durante años víctima de una gestión desastrosa en la que el tinte político de los gestores -a cada cambio de Gobierno correspondía un cambio en el estado mayor de AENA- sometió a la agencia a una espiral endemoniada: el gestor-político tenía como primer objetivo tranquilidad y un servicio razonable, y para conseguirlo aceptaba las exigencias económico-laborales de los controladores… En el bien enten dido que la cuenta corría a cargo del contribuyente, ignorante de la conspiración.
El resultado a la vista está: según el ministro Blanco en la comparación europea, los controladores aéreos españoles son los que más cobran; según IATA, los aeropuertos españoles son los más caros del mundo.
Hasta ahora, con una demanda en crecimiento exponencial, el mercado aguantaba esos disparates. Pero en tiempos de crisis (en el primer semestre ded 2010 los aeropuertos españoles de AENA han perdido 12 millones de pasajeros respecto al año punta, 2008) el señor Ministro de Fomento no ve otra salida que la venta del 49 por ciento de AENA.
Pero es difícil que en las circunstancias actuales no va a encontrar comprador por varias razones:
a) es difícil visualizar un inversor-gestor que acepte tener como socio mayoritario al Gobierno de España… O a cualquier Gobierno;
b) la deuda de AENA –el mayor gestor aeroportuario del mundo con la mayor deuda del mundo, 12.000 millones de euros– y el conflicto con los controladores, solo resuelto superficialmente, rebajarían el precio de la compañía hasta límites políticamente inaceptables;
c) al habitual riesgo del regulador español (preguntar por los inversores en energías renovables) se une al riesgo del regulador europeo, que está preparando en Bruselas un nuevo y común control del espacio aéreo en Europa.
d) además de los riesgos económico-regulatorios, el potencial comprador se enfrentará a un obstáculo político de primer orden: la aspiración autonómica generalizada, y exasperada en el caso catalán, a tener sus propias “aenitas”.
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MÁS DE UN AÑO EN PARO | "Lo que se lleva es despedir a la gente y luego por detrás se sigue trabajando"

LA INFORMACION.com
David Tesouro / Adriano Morán
Nos acercamos a las historias de un grupo de personas muy distintas pero con algo en común: todas llevan más de un año en paro. Un año de búsqueda, de inquietud, de preguntas y, en muchos casos, de impotencia. En este caso hablamos con Alberto García y Carlos Herranz, dos jóvenes de 19 y 22 años que tras enfrentarse al paro decidieron volver a los estudios, en este caso en una escuela taller de energías renovables. Un camino más para intentar huir de la estadística que asegura que las personas de su edad han emprendido su vida profesional en el peor momento de los últimos lustros.


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El diferencial no lo arregla todo

de Jose María García-Hoz 
El diferencial entre la deuda pública española y alemana no es el primer problema de la economía española, sólo su síntoma. La verdadera enfermedad está, sigue estando, en el desastroso y franquista régimen laboral
Nuestro señor Presidente del Gobierno se ha permitido una broma: el diferencial entre España y Alemania no es tan grande… Futbolísticamente hablando.
Hace unas semanas Pedro J. Ramírez contaba otra expresión relacionada con el asunto: durante la cena con un invitado, el Presidente del Gobierno atendió una llamada de alguien próximo al que le dijo: ya ves aquí sigo, pendiente del diferencial.
Fuera parte de la oportunidad del chiste y de la exactitud de la narración periodística, lo ciertos es que ambas anécdotas revelan que  para Rodríguez Zapatero los problemas de la economía española se centran en sus dificultades financieras, de forma que si estas se solucionaran y desapareciera el dichoso diferencial entre la deuda española y la alemana, todo volvería a ser más o menos como antes.
Ese es un nuevo error de diagnóstico: las dificultades de financiación que encuentra España no son el problema, sino el síntoma del mismo. Es como la fiebre que denuncia una patología: desde luego hay que bajarla, pero no por ello se cura la enfermedad.
¿Y cual es la enfermedad de la economía española? Su incapacidad para crear puestos de trabajo. El gran diferencial de España con los demás países del euro consiste que con una caída similar del PIB, el paro español triplica la media europea. Un ejemplo: el año pasado, la economía holandesa cayó un 5 por ciento, bien por encima del 4,1 de la bajada española, pero en Holanda el parosólo afecta al 5 por ciento de la población activa, mientras que en España estamos en el 20.
Sigamos: ¿Por qué tanta diferencia?. Sencillamente por el endemoniado régimen laboral español. Mientras no se solucione ese tapón –y desde luego la reforma laboral planteada por el Gobierno no es una solución– en el que los trabajadores se dividen en blancos y negros, según cual sea su tipo de contrato, los comités de empresa tienen una capacidad cuasi absoluta de paralizar cualquier reorganización interna de la empresa, el despido siga siendo el más caro de Europa… La economía española no saldrá del hoyo y, por tanto,  el diferencial entre la deuda de España y Alemania seguirá por las nubes.
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Anatole Kaletsky: Es la era de la guerra entre generaciones


Anatole Kaletsky: Es la era de la guerra entre generaciones

Anatole Kaletsky
14/06/2010 - 9:39

Acabo de cumplir 58 años. Si fuera un trabajador griego, podría jubilarme. Aunque las pensiones en Grecia suelen empezar a cobrarse a los 61, existen disposiciones que permiten jubilarse a los 58 si se ha trabajado durante 35 años, precisamente el tiempo que llevo trabajando yo.

Mi pensión del Estado griego, vinculada al índice de inflación, alcanzaría entre el 75 y el 90% del salario medio nacional, garantizado para el resto de mi vida.
Si quiere saber por qué la economía helena ha entrado en bancarrota y el euro parece estar al borde de la desintegración, no mire más allá. El mejor argumento que he oído para una ruptura del euro ha sido un comentario en un periódico alemán:
 "Los griegos salen a la calle para protestar contra una subida de la edad de jubilación de 61 a 63 años.¿Tendremos que ampliar los alemanes nuestra edad laboral de los 67 a los 69 para que los helenos puedan disfrutar de su jubilación?"
No se trata, sin embargo, de un artículo más sobre griegos derrochadores y alemanes santurrones. La batalla de los rescates en Europa sólo es secundaria comparada con el enorme conflicto social que nos espera por todo el mundo en los próximos veinte años.

El fenómeno baby boom


No será una lucha entre naciones ni clases sociales, sino entre generaciones, y es un conflicto que en Gran Bretaña empieza propiamente este año. El final de la Segunda Guerra Mundial, en mayo de 1945, marcó el inicio del baby boom, que duró hasta mediados de los sesenta. Ahora, 65 años después, la correspondiente revolución pensionista está a punto de hacer tambalear nuestra sociedad, nuestra economía y nuestras instituciones políticas.
Si el término revolución le parece exagerado, considere el principal problema de la política británica hoy en día, y después permítame que dirija su atención al libro más importante sobre el tema, escrito casualmente por un alto ministro del nuevo Gobierno. La cuestión es, por supuesto, el volumen insostenible de déficit público. El libro se titula The pinch, y lo firma David Willetts, ministro conservador de Educación. El subtítulo transmite el mensaje principal con una claridad y franqueza características: "Los baby-boomers se han apropiado del futuro de sus hijos y deberían devolvérselo".
Willetts demuestra que el volumen aplastante de la generación del baby-boom, comparado con el de las generaciones inmediatamente anterior y siguiente, ha permitido que los nacidos en las dos décadas que siguieron al día de la victoria no sólo dominen la cultura, la moda y la moralidad, sino que, además, acumulen la riqueza, monopolicen el empleo y la vivienda, y reduzcan la movilidad social de la generación siguiente.
Por extraño que parezca, sin embargo, nadie -y menos aún un político en activo como Willetts- ha establecido la conexión entre la tensión intergeneracional a largo plazo y la polémica actual del gasto público y los impuestos.
¿Por qué, por ejemplo, los gobiernos de todas partes se están quedando sin dinero, no sólo en Gran Bretaña y Grecia, sino también en Estados Unidos, Alemania, Japón y Francia? 
¿Por qué suben los impuestos sin piedad en todos los países capitalistas avanzados? 
¿Y por qué se recorta el gasto público en colegios, universidades, ciencia, defensa, cultura, medio ambiente y transporte, mientras que el gasto en sanidad y pensiones sigue aumentando?

¿En qué se gasta el dinero público?

La respuesta populista a esas preguntas es que todos vamos a pagar por la avaricia de los banqueros, pero no es cierto. Según los cálculos del FMI, la crisis de los créditos, los rescates bancarios y la recesión sólo representan el 14% del aumento previsto de la deuda pública británica.
El 86% restante de la presión fiscal a largo plazo se debe al crecimiento del gasto público en sanidad, pensiones y asistencia a largo plazo.
 La crisis de los créditos y la recesión no han creado la presión actual sobre los préstamos públicos y el gasto. Se han limitado a adelantar una crisis fiscal entre edades que era inevitable, porque en 2020 la mayoría de los baby-boomers se habrán jubilado.
La solución racional a esta crisis fiscal sería que los gobiernos redujeran su gasto en pensiones, sanidad y asistencia a largo plazo. Sin embargo, esos son precisamente los derechos que protegen y salvaguardan los políticos, no sólo de Gran Bretaña, sino también de Estados Unidos y muchos países de Europa, incluso si se recortan sin piedad otros programas estatales.

Mas educación, menos pensiones

La política de la próxima década estará dominada por una batalla por el gasto público y los impuestos entre generaciones. Los jóvenes se darán cuenta de que las distintas categorías del gasto público entran en conflicto directo: 
si quieren más gasto en colegios, universidades y mejoras medioambientales, tendrán que votar por un recorte de la sanidad y las pensiones.
Las escuelas y universidades son más importantes para el futuro de la sociedad que las pensiones. 
Sin embargo, todas las democracias del mundo han llegado a la conclusión opuesta.
Si muchos políticos aseguran estar obsesionados con la educación -recordemos las tres prioridades de Tony Blair: educación, educación y educación-, en realidad prestan su apoyo a la sanidad y las pensiones hasta el punto de la bancarrota nacional, mientras aprietan el cinturón de las universidades.
Lo mismo se puede decir de muchas ventajas fiscales concedidas a los pensionistas a lo largo de los años. Por poner un ejemplo, ¿es mejor para la sociedad ofrecer viajes gratis en autobús a acaudalados ciudadanos de 80 años o a jóvenes empobrecidos que buscan su primer empleo?
¿Por qué no se debaten nunca estos conflictos de tanto interés entre los jóvenes y los viejos?
En parte, por el mito de que los pensionistas "tienen derecho" a todas sus ventajas, porque han "cumplido con su deber" en forma de seguridad social e impuestos. 
Sencillamente, no es cierto. El verdadero valor de las prestaciones de los baby-boomers es del 118% de los impuestos que pagaron, según Willetts, una cifra que se eleva según otros cálculos.
En segundo lugar y más importante todavía es que los baby-boomers son tantos que ningún político se atreve a arremeter en contra de sus intereses. Y las personas mayores suelen votar más. 
Como resultado, las democracias serán cada vez más rehenes de los intereses especiales de estas panteras grises, cuyo poder aumentará constantemente a medida que se jubilen más.
¿Degenerará la política en un conflicto entre el número menguante de votantes con niños, preocupados por la educación y el futuro, y el poder masivo de los pensionistas, con unos horizontes a más corto plazo?
Ésta es mi modesta propuesta para evitar un futuro tan desagradable: dado que a los menores de 18 años no se les permite votar, tal vez se podría prohibir el voto a los pensionistas que hayan cumplido 75 u 80 años.
Una alternativa igualmente eficaz sería dar a las madres un voto adicional por cada hijo menor de edad. Dada la poca probabilidad de esas reformas, espero que el Gobierno griego tenga que vender el Partenón. Y que Oxford y Cambridge acaben convirtiéndose en lujosas residencias de la tercera edad.
Anatole Kaletsky, director adjunto y jefe de Economía del diario The Times.
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